El Escorial y los Borbones

A los primeros Borbones nunca les gustó El Escorial. El monumental y frío edificio les recordaba las glorias de la dinastía precedente. Lo frecuentaron escasamente y sin excesivo interés. No realizaron intervenciones destacadas y tanto Felipe V como Fernando VI, en una clara ruptura con la tradición, prefirieron ser enterrados en otro sitio.

Eso es lo que se ha escrito con frecuencia sobre la relación entre los sucesores de los Austrias y el célebre monasterio. ¿Pero es cierto?

FELIPE V (1700-1746)

La Guerra de Sucesión apenas alteró la vida del monasterio. En junio de 1706 los austracistas entraron en Madrid y acamparon cerca de Segovia, se temió un saqueo del monasterio que, por suerte, no se produjo. En setiembre de 1710, la comunidad tuvo que acoger precipitadamente de noche a la reina María Luisa Gabriela de Saboya y a su séquito, que habían huido de Madrid.

Pintura propagandística mostrando a Felipe V y a su familia como defensores de la fe católica, matando al dragón de la herejía frente a El Escorial,

Pasado el interludio bélico, la corte y la familia real volvieron a frecuentar El Escorial, en 1714 y 1716 de forma más esporádica, pero a partir de 1717 se recuperó la tradicional “jornada de otoño” en el real sitio. Durante diez años Felipe V residió en El Escorial de forma regular entre finales del verano y otoño. De 1728 a 1733 hubo un parón por el traslado de la Corte a Andalucía. A partir de 1733 se re-emprendieron las estancias hasta 1745, solo faltando dos años, en 1741 y 1744.

Tras su muerte en junio de 1746, Felipe V decidió no ser enterrado en el tradicional Panteón Real, no por desapego a El Escorial, sino precisamente por lo contrario, el apego que sentía hacía La Granja. Tanto su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya († 1714), como su hijo, Luis I († 1724) si que fueron enterrados en El Escorial.

Felipe V y su familia, por lo tanto, habitaron el palacio de El Escorial con regularidad. Sin embargo, las cartas de sus hijas transpiran un cierta animadversión por el sitio: hace frío, las ceremonias religiosas les aburren y el padre prior se tira pedos; pero, al menos, el carrillón y la escalera de Giordano son bonitos.

Los jardines de El Escorial pintados hacia 1713 por el pintor de Corte de Felipe V, Michel-Ange Houasse.

Sin obras llamativas, el primer soberano Borbón apoyó a la comunidad monástica (independiente económicamente) en algunas reformas importantes como la reconstrucción del Colegio y de la Compaña tras los respectivos incendios de 1731 y 1744.

En nuevo soberano también realizó, no obstante, pequeñas modificaciones en la “Casa del Rey” (actual “Palacio de los Austrias”), donde se habían alojado todos los reyes españoles desde época de Felipe II.

La “Casa del Rey” o “Palacio de los Austrias” en época de Felipe II.
En azul el Cuarto del Rey y en rosa el Cuarto de la Reina.

La antigua Galería de Oriente fue dividida en tres estancias mediante unos tabiques de cristal y madera y redecorada con muebles modernos. La sala norte (izquierda) se destinó a Tocador de la Reina, la central a Dormitorio de SS.MM. y la sur (derecha) a Gabinete del Rey. Todo ello siguiendo un esquema muy parecido al de La Granja, donde el dormitorio compartido regio también ocupaba el espacio central. También se abrió una puerta que, desde el dormitorio, comunicaba con las antiguas “Piezas de Secretarios” de Felipe II cara al patio, destinadas, con toda probabilidad, a retretes, baños y guardarropas de la pareja real.

FERNANDO VI (1746-1759)

El segundo soberano Borbón en habitar El Escorial lo frecuentó con una regularidad sorprendente desde 1746 hasta 1758, año del fallecimiento de la reina Bárbara de Braganza y posterior internamiento del rey. La “jornada de otoño” tenía lugar entre octubre y noviembre y se alargaba entre cuatro y cinco semanas. Solo en 1755 se acortó, los reyes volvieron precipitadamente a Madrid tras las noticias del Terremoto de Lisboa.

Fernando VI pintado por Louis-Michel Van Loo hacia 1750.

El principal atractivo de El Escorial siguió siendo la caza, para gran disgusto de la reina, que aunque no le entusiasmaba el lugar, reconocía la belleza de los frescos que había pintado Giordano.

Respecto a las intervenciones decorativas, cabe destacar, nada más ascendido al trono, la orden de Fernando VI al restaurador José Romeo para que evaluara el estado de la abundante colección de pinturas del edificio y procediera a la restauración de las mismas en caso de ser necesario.

También bajo su reinado se acometió, en 1748, la definitiva partición de la Galería de Poniente con tabiques de piedra, las estancias resultantes pasaron de tres a cinco. Una vez más el dormitorio regio era la estancia central y las habitaciones del rey y de la reina quedaban a sur y norte, respectivamente.

El “Palacio de los Austrias” tras las particiones fernandinas.
En azul el Cuarto del Rey (sur) y en rosa el Cuarto de la Reina (norte).

Finalmente, en 1757, se prepararon proyectos aún más transformadores para el palacio, que preveían quitar todas las pinturas de Felipe IV de las paredes y sustituirlas por grandes tapices según cartones de Andrés de la Calleja. El remozamiento empezó por las estancias de la soberana, pero fue cancelado tras su temprana muerte en agosto de 1758.

CARLOS III (1759-1788)

Carlos III, gran aficionado a la caza, también visitó El Escorial con asombrosa regularidad de 1759 a 1788, solo faltando en 1760 a causa de la repentina muerte de la reina María Amalia de Sajonia.

El periodo carolino trajo consigo grandes transformaciones en el entorno de El Escorial. Bajo su reinado, Juan de Villanueva construyó la inmensa Casa de Infantes (1769-1786) delante de la fachada principal, para disgusto de los monjes, que ya no tenían el agreste paisaje de la Sierra a los pies del monasterio.

También los interiores del palacio vivieron grandes cambios: a partir de 1772 se retomó el proyecto de recubrir las paredes con tapices, siguiendo la misma estética aplicada en el palacio de El Pardo.

La Cámara de Carlos III en el palacio de El Pardo.
© MadridDiario

Carlos III siguió viviendo en el llamado “Palacio de los Austrias”, habitando la cara sur, mientras que el antiguo aposento de la reina cara norte fue habitado, como en otro palacios, primero por su madre Isabel de Farnesio y luego por su hija favorita la infanta María Josefa.

El Cuarto del Rey se componía de:

  • Pieza de Aparador o de Cubierto (antigua Cámara de Felipe II): donde se guardaba la vajilla del rey.
  • Pieza de Guardia: una pequeña antecámara.
  • Pieza de Comer o de Gentilhombres (antigua Sala del Rey): donde el rey comía solo y recibía audiencias.
  • Pieza de Vestir (primera partición de la Galería): donde se vestía el soberano y recibía “en reservado”.
  • Pieza de Gabinete (segunda partición de la Galería): donde trabajaba Carlos III.
  • Pieza de Dormitorio (pieza central de la Galería).
  • Pieza de Retrete (cara al Patio de Mascarones).
  • Talleres (cara al Patio de Mascarones).
La Galería de Poniente o de Paseo en la actualidad, tras las labores de restauración de 1911 que eliminaron las particiones que constituyan los aposentos privados de los soberanos.
©  Patrimonio Nacional.

En dichas estancias se desarrollaba el pautado e invariable día a día del soberano. Se levantaba a las seis menos cuarto, rezaba durante una hora, luego se vestía, siempre con trajes poco llamativos, y desayunaba. A continuación iba a oír misa y a las ocho estaba de vuelta a sus aposentos para trabajar hasta las once. A partir de esa hora recibía a su familia y a los embajadores extranjeros. A la una comía solo en una mesa y rodeado de sus cortesanos, tal como marcaba el ceremonial de origen borgoñón.

Tras el almuerzo habían un pequeño besamanos para los huéspedes que llegaban o partían de la corte. Inmediatamente después el rey iba de caza hasta la puesta del sol. De vuelta a palacio había tertulia con su familia o bien juegos de cartas, a veces el rey se retiraba a trabajar. La cena era a la nueve y media y duraba apenas media hora, tras la cual el rey se retiraba a su dormitorio después de dar las órdenes para el día siguiente.

Carlos III vestido de cazador, pintado hacia 1787 por Goya,

El resto de los miembros de la Familia Real se plegaban con más o menos ganas a esta rutina. El príncipe de Asturias Carlos y su hermano el infante Gabriel con frecuencia acompañaban al rey en las cacerías.

También la comunidad monástica debía adaptarse a la presencia de la Familia Real y la Corte, aunque la rutina de Carlos III no era especialmente intensa. La quejas de la comunidad venían esencialmente a causa de la falta de espacio: los cortesanos se alojaban en celdas monásticas, desplazando a los monjes, que debían convivir en celdas de cuatro o cinco. La primeras quejas al respecto habían aparecido ya en época de Felipe V y se repetirían también bajo Carlos IV.

Si los cortesanos y los monjes se alojaban como podían, la Familia Real, pese a las estrecheces, lo hacia más cómodamente. Como ya hemos dicho, la infanta María Josefa se alojaba en el Cuarto de la Reina en el Palacio de los Austrias. En el mismo edificio, en el Cuarto de Verano de la planta baja moraban el infante Don Gabriel, hijo predilecto del rey, junto con su esposa y su hijo. En el llamado “Palacio Cortesano” (actual “Palacio de los Borbones”) tenían sus aposentos el infante Don Antonio, los príncipes de Asturias y los nietos de Carlos III. Floridablanca, ministro principal del rey, tenía su despacho en las Salas Capitulares y se alojaba en las estancias adyacentes.

CONCLUSIÓN

Los tres primeros Borbones que rigieron España no descuidaron, ni mucho menos, El Escorial, se alojaron en él de forma regular, promovieron distintas reformas y mejoras e incluso redecoraron, hasta volverlo irreconocible, el mal llamado “Palacio de los Austrias”. Durante sus reinados, los aposentos regios se repintaron blanco porcelana, se recubrieron de tapices y se llenaron de lámparas de araña y mobiliario a la última moda. El Escorial fue, durante el siglo XVIII, la residencia otoñal por excelencia de la corte, uso que solo empezó a decaer a lo largo del siglo XIX.

A partir de 1911 José María Florit eliminó gran parte de la decoración borbónica para recrear el “Palacio de los Austrias”. Desde entonces ha pervivido el mito de que los Borbones ignoraron El Escorial tanto como pudieron. Todo ello acrecentado por el cierto ostracismo que vivió el, también mal llamado, “Palacio de los Borbones” y por el hecho que durante décadas la historiografía escurialiense se centró casi exclusivamente en su construcción y en el reinado de Felipe II.

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3 comentarios en “El Escorial y los Borbones

  1. Genial el post y el blog, enhorabuena. Con permiso compartimos.

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    1. Muchísimas gracias !! Celebro que os haya gustado 😉

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